TERCER ACTO
SEÑOR- Buenas noches, señor ¿desea alguna cosa?
SEÑOR- Tengo que hablarte, Antonio. Siéntate.
ANTONIO- Gracias señor.
SEÑOR- Antonio. He tenido mala suerte. Esta mañana fui al médico y estoy gravemente enfermo. Maldita sea, estaba en plenitud de mis facultades y ahora resulta que estoy gravemente enfermo. Maldita sea... tengo una puta enfermedad degenerativa... En cuestión de unos pocos meses estaré en una silla de ruedas y después... hasta convertirme en una mierda y después en nada. Maldita sea, Antonio. He tenido mala suerte.
ANTONIO- Lamento mucho enterarme de esto, señor...
SEÑOR- Tendré que pagar enfermeras para que me cuiden. Personal cualificado... Maldita sea... Creo que te despediré. No quiero que me veas así. No eres mi familia, ni eres mi amigo... ni estaré ya en condiciones de ejercer la superioridad sobre ti... Pero no te inquietes, te daré algo de dinero.
ANTONIO- Señor, tal vez pueda serle igualmente útil...
SEÑOR- No estás cualificado. No eres un sanitario. Prefiero que te vayas. Te daré dinero.
ANTONIO- ¿Cuánto, señor?
SEÑOR- Supongo que suficiente como para que puedas vivir. Por tu edad creo que tendrás derecho a algunas prestaciones... Puedes irte a vivir a un pueblo, donde la vivienda es más barata. Ve haciendo un presupuesto y me lo presentas, pero ahora estoy deprimido y furioso, y no puedo ocuparme mucho de ti. Déjame el presupuesto en un papelito que pueda verlo mañana... Todavía quedan algunos meses... no muchos, hasta que los síntomas me imposibiliten trabajar y vivir mínimamente. Ahora vete y déjame solo. Maldita sea. Ahora no te necesito...
ANTOINO- Como el señor lo desee. Me puede llamar a cualquier hora.
SEÑOR- ¿A cualquier hora? Habíamos convenido que no te maltrataría...
ANTONIO- Pero usted es una persona enferma, señor.
SEÑOR- Todavía no estoy tan enfermo. Mis síntomas aun son leves. Vete.
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