PRIMER ACTO
SEÑOR- Antonio, ¿estás ahí?
ANTONIO- Aquí estoy, señor. ¿En qué puedo servirle?
SEÑOR- A lo mejor hubiera estado mejor si hubieras dicho. ¿Desea algo el señor?
ANTONIO- Sin duda, señor. Lo haré así la próxima vez, señor.
SEÑOR- Poco a poco irá quedando bien, sí... No te preocupes... Solo llevamos una semana.
ANTONIO- Haré lo posible por mejorar, señor.
SEÑOR- Siéntate, Antonio. Vamos a hablar.
ANTONIO- Gracias, señor.
SEÑOR- Me he estado leyendo tu confesión de ayer. Estaba bien, me satisface.
ANTONIO- Gracias, señor.
SEÑOR- Yo creo que voy sintiéndome cómodo contigo en casa, que es un poco de lo que se trataba.
SEÑOR- Me ha gustado que ahora no hayas dicho nada, tipo "sí, señor".
ANTONIO- Pero es que de eso ya me había hablado el señor.
SEÑOR- Sí, lo vas recordando. ¿Lo encuentras complicado, fatigoso?
ANTONIO- No, señor. Es bastante divertido.
SEÑOR- El objetivo, tal como sabes.. tal como convenimos tras nuestros prolongados intercambios por Internet... es que yo me sienta cómodamente acompañado en mi casa.
SEÑOR- A cambio tu recibes alojamiento, comida y buen trato. De momento, pareces estar satisfecho.
ANTONIO- Estoy satisfecho, señor.
SEÑOR- Las tareas domésticas, ¿te parecen excesivas?
ANTONIO- Limpiar un poco el baño, la cocina y mi propio dormitorio... Es muy poca cosa. Lo mismo haría en mi propia casa, señor.
SEÑOR- Después te pediré que supervises un poco a la mujer de la limpieza. No es nada problemática, ya verás. Abrirle la puerta, pagarla... No me gusta el contacto con esa mujer...
SEÑOR- Y como ves, tampoco te exijo mucho en lo personal. Ni siquiera eso de que "me des conversación" o "me hagas compañía", que me suena un poco hipócrita. La compañía no se puede dar en un sentido tan explícito de desigualdad y en cuanto a la "conversación"... hay que plantearse seriamente qué queremos decir con eso... Simplemente, te hago preguntas y tú me las contestas. Eso me parece más honesto.
ANTONIO- Estoy de acuerdo con usted, señor.
SEÑOR- Para la compañía... La conversación... Para eso están los amigos, la familia... Pero ni tú ni yo tenemos de eso, ¿verdad?
ANTONIO- Yo, desde luego no, señor. Ya lo sabe.
SEÑOR- Así que, si nos atenemos al plan fijado, puede que esta modesta relación desigual resulte lo suficientemente satisfactoria para ambos, ¿no te parece?
ANTONIO- Así fue como lo convenimos, señor.
SEÑOR- Y, afortunadamente, ambos vimos las mismas películas sobre mayordomos ingleses y tal...
ANTONIO- Esas películas resultan a veces francamente divertidas, señor.
SEÑOR- Y eso que algunas son muy serias... Nuestras propias vidas, Antonio, también son serias...
ANTONIO- Mi vida no es seria, señor.
SEÑOR- Tu vida es lo único que tienes...
ANTONIO- Pero no me la tomo en serio, señor. Me la tomo con sentido del humor, con ligereza.
SEÑOR- Tu mismo me confesaste que eres un desgraciado.
ANTONIO- Sin duda, señor. Carezco de amor propio, de dignidad.
SEÑOR- Eso te da cierta libertad... Yo tengo... Bueno, tengo cierto poder. Mi poder se muestra en mi dinero, en cierto estatus... y en el poder que tengo sobre ti. Tengo a un ser humano como animal de compañía...
ANTOIO- Así es, señor. Aunque queda la duda de si esa compañía, como usted mismo ha dicho, tiene valor como tal...
SEÑOR- Como animal de compañía superas a cualquier perro, gato, pez o canario, de eso no hay duda.
ANTONIO- Gracias, señor.
SEÑOR- No supones compañía humana, propiamente. No eres amigo ni familia. Solo me proporcionas confianza humana.
SEÑOR- ¿Viste aquella película sobre el profesor de Derecho Romano que se ofrecía como esclavo?
ANTONIO- Sí, señor. Ya le dije que sí. En Internet.
SEÑOR- La película es conformista. No explota a fondo el valor de la subordinación, de la esclavitud.
ANTONIO- El esclavo era maltratado, señor. Ningún animal doméstico debe serlo.
SEÑOR- En efecto, Antonio. Al gato hay que tratarlo como a un gato. Al perro como a un perro. A ti, como eres humano, hay que tratarte como a un ser humano.
ANTONIO- Sí, señor. Usted lo hace.
SEÑOR- Puesto que no tienes amor propio, ni dignidad, me ofreces el total control sobre ti. La seguridad, la confianza. No te pago nada. Apenas te exijo nada. Puedes irte cuando quieras.
ANTONIO- Y si me voy, señor, usted tampoco perderá nada. No vivirá peor que antes.
SEÑOR- Solo te doy alojamiento y comida. No aguantabas compartir la casa con tu sobrino.
ANTONIO- Era muy desagradable, señor. Una tortura.
SEÑOR- Yo no quiero importunarte mucho. Nunca te despertaré por la noche, por ejemplo. Apenas tienes tareas caseras... y solo te interrogaré de vez en cuando. Imagino, Antonio, que dentro de unos meses llegaré a esta casa del trabajo y simplemente me complaceré de saber que hay otro ser humano, un hombre normal y corriente, no hostil, compartiendo mi mismo techo. Tú me dirás eso ¿Desea algo el señor? Y probablemente, la mayoría de las veces, no hablaremos más. Pero no estaré solo.
ANTONIO- Imagino, señor, que deberé decir: "buenas noches, señor, ¿desea algo el señor?"
SEÑOR- Sí, me darás las buenas noches...
ANTOINO- Pero ¿y si un día me encuentra irritante?, ¿si piensa que invado su privacidad?
SEÑOR- Siempre puedo echarte. Pero no sé... un animal doméstico se le tiene para eso precisamente... quiero decir, un animal doméstico no invade la privacidad: la alimenta.
ANTONIO- Si me permite un comentario, señor...
SEÑOR- Sí, hombre. Te lo permito...
ANTONIO- Quiero decir, señor, que un perro se considera una buena compañía porque es elegante y gracioso. Yo soy un pobre viejo...
SEÑOR- Bah. Hay perros que son viejos y feos también. Y me gusta que hables... y que calles cuando te lo digo Y que te vayas cuando te lo digo. Y que vengas cuando te lo digo...
ANTOINO- Si encuentra algo desagradable en mí, señor...
SEÑOR- Te lo iré diciendo, ¿no lo ves? Puedo decirte cualquier cosa, como a un familiar con el que tenga mucha confianza ¡y hace solo una semana que vivimos juntos!
ANTONIO- Me alegro de que el señor esté satisfecho conmigo.
SEÑOR- Sí... Te alegras sinceramente, ¿no es cierto?
ANTONIO- ¿El señor aún tiene dudas de que no esté cumpliendo mi rol?
SEÑOR- Pero soy un chiflado, un excéntrico... ¿Y si te he mentido? ¿Y si tengo otros propósitos ocultos?
ANTONIO- Oh, señor. Usted no es un chiflado. Un excéntrico, puede, pero ¿qué hay de malo en eso? Hicimos un trato.
ANTONIO.- Y si al señor le interesa saberlo.. aprecio sobre todo que usted es amable conmigo. Muy poca gente lo ha sido conmigo. Solo gente muy bondadosa. Y usted no parece un hombre especialmente bondadoso, simplemente, se atiene al trato conmigo.
SEÑOR- Es cierto. No soy especialmente bondadoso. En mi trabajo, en mi vida privada... Soy más bien egoísta. Pero contigo hice un trato. El trato de no maltratarte. ¿No has leído esas historias de hombres malvados y violentos, que sin embargo son generosos con sus animales domésticos?
ANTONIO- Exacto, señor. Tiene sentido.
SEÑOR- Siempre seré amable contigo, Antonio. Y si un día tú no lo mereces... entonces simplemente te echaré a la calle.
ANTONIO- Ése es el trato, señor.
SEÑOR- Ahora ya puedes irte. Recuerda que tienes que escribirme otra confesión para mañana por la mañana.
ANTONIO- No se preocupe el señor. Buenas noches, señor.
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